Oficina de Información
Turística de Villa del Totoral

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Un poco de historia…

El mismo Jerónimo Luis de Cabrera, en nota fechada el 24 de noviembre de 1573, nombra los pueblos aborígenes y entre ellos se refiere al Totoral (zona poblada por abundantes Totoras).

La presencia de los primeros habitantes de la región, se relaciona con los registros de las investigaciones realizadas en la cueva de Ongamira, donde grupos de cazadores – recolectores se establecieron en la región, hacia unos 8.000 años a.c.. Los asentamientos aborígenes en las tierras de Cavisacat o Valle del Totoral, estuvieron conformadas por algunas pequeñas aldeas de Comechingones, al momento del arribo de los españoles. La condición de Comechingones la testimonia el abundante material cultural, productos de investigaciones arqueológicas en los años 1998, 1999 y 2000 prácticadas en el Valle del Totoral, dan cuenta de ello. Los comechingones fueron habitantes de las serranías cordobesas. Allí se establecieron en las grandes valles (Punilla, Los Reartes, Calamuchita, Traslasierras) y otras más pequeños como el actual Valle del Totoral.

Los arqueólogos estiman, a partir de fechados radiocarbonos, que esta cultura de la región de las Sierras Centrales, se desarrolló desde 1.000 d.c. cuando por influencia de los pueblos andinos adoptan las técnicas de la agricultura, la ganadería y la elaboración de objetos cerámicos, hasta el arribo de los españoles, cuyos cronistas dejaron informes que relatan que al momento de la conquista, eran altos, de piel morena y provistos de “barbas como los cristianos”, “indios barbudos como nosotros”.

El 22 de Marzo de 1576, el entonces Teniente Gobernador Don Lorenzo Suarez de Figueroa, otorga en merced las tierras de Cavisacat (Totoral) a un grupo de vecinos fundadores de la ciudad de Córdoba. Al Valle que llaman, Cavisacat, se situaba a la vera del camino de la expedición “colonizadora”. La extensión de tierra otorgada a cada beneficiario era de 600 varas de frente al arroyo, y era condición establecer sementeras y heredamientos. La idea era que los beneficiarios poblasen el lugar. No les estaba permito desarrollar establecimientos ganaderos, debían dedicarse a sembrar y poblar.

Luego de varios años de divisiones territoriales entre los primeros pobladores, la iniciativa de formar una Villa en el Totoral, parte de los mismos vecinos, esto se demuestra en reiteradas correspondencias entre la Corporación Municipal, con fecha 10 de Enero de 1856, y el Gobernador de la Provincia (Mariano Fragueiro), donde manifiestan las características paisajísticas, situación estratégica y recursos naturales (agua, materiales para la construcción, pasturas, etc.); contexto propicio para el desarrollo de una Villa.

El 16 de Noviembre de 1859 Fragueiro promulga la primera ley provincial para la creación de esta jurisdicción. Décadas después, ya en 1871 nace el primer gobierno municipal de lo que será la Villa General Mitre, con una superficie departamental de 3.145 km2, que representa el 1.9% del territorio cordobés.

Habitantes ilustres

Neruda, Alberti, Deodoro Roca, Roberto Noble son nombres que resuenan en la cabeza de muchos. Hombres influyentes del siglo 20 que no estuvieron de turismo por este hermoso pueblo. Aquí no sólo descansaron y se refugiaron durante el exilio, residieron tiempo suficiente como para darles rienda suelta a sus plumas creativas.

La casona que fuera de Rodolfo Aráoz Alfaro, importante dirigente del Partido Comunista en la primera mitad del siglo pasado. Esta casona había sido adquirida por su padre, el doctor Gregorio Aráoz Alfaro, considerado una eminencia de la pediatría argentina. Las características climáticas de la región lo habían atraído, era el lugar preciso para rehabilitarse y asegurarse buena salud. Cuando Rodolfo heredó la casona, la utilizó no sólo para volver de vez en cuando sino también para recibir a amigos y camaradas que debían huir de sus países por razones políticas. Los vecinos la llamaban “El Kremlin”.

Por aquí, además de Alberti y Neruda, pasaron también León Felipe, Victor Delhez -maravilloso artesano flamenco del grabado en madera-, Tristán Maroff, Joan Miró y, del ámbito local, Raúl González Tuñón, Jorge Cafrune, Armando Tejada Gómez, y Mercedes Sosa. Deodoro y Noble, Ambos residieron independientemente de Aráoz Alfaro. El universitario reformista tenía su casa de descanso, sobre el final de la calle Paz, actual Perón. Roberto Noble era dueño de la estancia “La Loma” y visitó el pueblo casi todos los meses durante los últimos diez años hasta el día de su muerte, ocurrida en esta estancia en 1969, a los 66 años.

Rafael Alberti y su compañera, María Teresa León, huyeron de España en 1939 cuando las tropas de Franco ingresaron a Madrid, ganando la Guerra Civil y dando comienzo a una dictadura que se prolongaría por casi 40 años. Los Alberti León huyeron primero al norte de África, y luego de un período en Francia, se embarcaron hacia Buenos Aires con la intención de llegar a Chile donde los esperaría Pablo Neruda, quien les había conseguido pasaportes. Sin embargo, ese plan no pudo cumplirse porque, en la fecha prevista de su llegada a Chile, Neruda ya había abandonado su país para incorporarse al consulado chileno en México. Fue entonces cuando Aráoz Alfaro los invitó a su casa en Totoral mientras intentaba legalizar sus residencias. El escritor y su pareja, conmovidos por el recibimiento, decidieron quedarse en este país donde permanecerían 24 años de su exilio.

Alberti recordaba este primer contacto con el mundo argentino: “Nos retuvo el campo de Córdoba, un pueblo de totoras –o cañas– como flechas, El Totoral, con su río pequeño, nos retuvo casi un año junto a las alamedas de un grande y nuevo amigo, Rodolfo Aráoz Alfaro”. A pesar del dolor del exilio, de la resaca de la guerra y la pérdida de sus amigos, el poeta gaditano renace en el Totoral con nuevas amistades, con el paisaje, con la tranquilidad y el tiempo para cicatrizar heridas y resurgir en su literatura. Y es aquí donde nace su hija Aitana.

Neftalí Reyes es otro que residió, al menos por un año, en este pueblo. Neftalí era su nombre de nacimiento y así le decían en esta villa. En el resto del mundo fue más conocido con el nombre de Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura en 1971 y, según Gabriel García Márquez, “el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”.

Frente a la plaza de Totoral, un grupo escultórico presenta a Alberti y Neruda conversando con Octavio Pinto, sentado en un banco de madera. Si bien tuvieron la fortuna de respirar el particular aire de este sitio, jamás coincidieron los tres juntos. Alberti vivió en Totoral en 1940, mientras que el chileno anduvo por la zona a mediados de los ’50, y el pintor cordobés dejó su pueblo natal de muy chico y, aunque solía volver a visitar a su familia, nunca conoció a estos poetas.

Los tres poetas habían sido protagonistas del surgimiento de la “República”, a partir de 1931. Habían alentado con entusiasmo la posibilidad concreta de un cambio fundamental, económico, social y político en la vida española. Un sueño que duró hasta 1936, cuando el general Franco se subleva desde el norte de África, apoyado desde el exterior por Hitler y Mussolini, y en el interior por la derecha reaccionaria española. Un mes después del levantamiento de Franco, Federico García Lorca era fusilado en un pueblito a 12 kilómetros de su natal Granada. Alberti se quedaría en Madrid durante los años de la Guerra Civil y en 1939, con el triunfo definitivo del franquismo, comenzaría un largo exilio que lo traería hacia Argentina.

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